| Usted está en : Portada : Opinión | Miércoles 5 de diciembre de 2007 |
|
||
|
|
|
Sr. Director: En las últimas semanas, los medios de comunicación, nacionales e internacionales, han dedicado parte importante de sus espacios a informarnos sobre la "captura de ballenas" en que se encuentra embarcado el Japón, bajo el rótulo de "propósitos científicos". Sin embargo, esta actividad de caza científica no es nueva. Para ello, ciertos países se amparan en un resquicio legal de la Convención para la Regulación de la Caza Ballenera, que cada año se discute en el seno de la Comisión Ballenera Internacional para analizar el estado de conservación del recurso. Aquí se reciben solicitudes de cuotas de captura para estos propósitos, siendo una de las ballenas más pequeñas, la minke (~10m), que ha sido recurrentemente afectada debido a que sus poblaciones no fueron altamente impactadas. En esta oportunidad la triplicación del número de ejemplares solicitados, así como la incorporación de la ballena jorobada y la ballena fin, que fueron fuertemente cazadas hasta mediados del siglo pasado, han puesto la voz de alerta en el mundo. En particular, la ballena jorobada, considerada una simpática y amistosa especie, si pudiéramos atribuirle características humanas, que llama la atención por su envergadura, sus llamativas piruetas y la curiosidad que la lleva acercarse a prudente distancia de las embarcaciones. Hace unos años se les ha descubierto visitando las aguas de Chiloé y Golfo de Corcovado, junto a la emblemática ballena azul, el mamífero más grande del mundo. Por lo mismo, la reacción de nuestras autoridades, actores sociales e investigadores han dado muestras reales de preocupación y enérgica protesta ante esta "caza científica", actividad que ya se encuentra prohibida en nuestro territorio marítimo por la Ley de Pesca y Acuicultura, hasta por lo menos el año 2025. Chile, que tuvo una importante actividad ballenera en otros tiempos, ha sufrido un cambio de actitud hacia la conservación de los cetáceos. Una muestra de ello, es que en el horizonte, relativamente inmediato, se nos presenta la oportunidad de crear un Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos (AMCP-MU) para la zona de Chiloé-Corcovado-Chonos. Y aunque esta iniciativa pudiera sonar intimidante o restrictiva no se trata de otra cosa que un intento por ordenar las actividades humanas existentes en este sector. La solicitud agresiva del Japón no se sustenta ni en fines científicos, ni menos, culturales, a pesar de que ancestralmente la carne de ballena haya estado presente en la dieta de dicho país. Más aún, cuando los avances tecnológicos nos permiten estudiar los cetáceos sin necesidad de matarlos. Más que nada, se sienta un cruel precedente para incorporar la captura de otras especies, lo cual sin duda huele a una mezcla de fines comerciales y políticos escudados detrás de la bandera de la ciencia. Atentamente, Rodrigo Hucke Gaete, Centro Ballena Azul |