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Miércoles 21 de octubre de 2009
Las carencias que elevan los logros del gimnasta Tomás González

09.42: El mejor gimnasta chileno de todos los tiempos entrena sin los implementos mínimos y compite con deportistas que lo tienen todo. Aún así, está entre los grandes.

Nunca tantos flashes, tantas luces, tantos micrófonos y cámaras. Nunca. Tomás González nunca había concitado tanta atención de la prensa de su propio país. Hoy sí, siete días después de haber clasificado a la final de "Suelo" del Mundial de Gimnasia de Londres y dos después de haber alcanzado el séptimo lugar.

 

Pero hoy, cámaras y micrófonos registraron solo el recuerdo de esos días. El relato fragmentado en la voz de sus protagonistas. Y también sus metas y carencias. Que son muchas.

 

El 13 de octubre, el japonés Kohei Uchimura tomó impulso y realizó su rutina sobre la carpeta azul del gimnasio londinense. Cuando tocó piso por última vez, su equipo técnico estalló en aplausos: entrenador, fisiatra, psicólogo y masajista. El nipón obtuvo 15.775, puntaje con el que se metió en la final. Después vino el rumano Marian Dragulescu -acompañado por un equipo similar al de Uchimura- quien a la postre se coronaría como campeón.

 

Luego, llegó el turno de González. Y su entrenador, el cubano Yoel Gutiérrez, alumbra el recuerdo de una imagen que casi ningún chileno vio.

 

"Cuando le toca al mío, y estamos solos él y yo, y tengo que pegarle en el pecho y decirle: Sin miedo. Sin mie-do y guapea, levanta esa cabeza y no mires a tu alrededor, que todo lo que estás viendo es mentira.

 

"Tú no necesitas psicólogo, tú no necesitas médico, tú no necesitas fisiatra, tú lo que necesitas es una medalla". El acento cubano resonaba en la cabeza del gimnasta chileno, cuyos sus ojos amenazaban con llenarse de lágrimas. "Te toca a ti, dignidad y moral, tienes que tener dignidad y moral".

 

"Y fue tanta la tensión del gesto que, cuando terminó, Tomás alzó sus brazos describiendo un gesto de triunfo. Y eso es muy grande, no existen palabras para describir eso".

 

El relato se apaga. Lo que queda vivo es un frío número que sostiene que Tomás González, sin médicos, sin fisiatras, sin psicólogos, sin nadie más que su entrenador, clasificaba a la final del mundo con 15.575, sólo dos décimas menos que Urichima, que fue el primero.

 

Los puntos perdidos

 

"Nosotros entrenamos aquí (Santiago) en el suelo duro. Cuando él llega a un país donde hay tapete, él siente que vuela, entonces necesita de un período de adaptación para aterrizar como corresponde porque se encuentra trabajando en algo que parece un trampolín". Suena casi increíble. El mejor gimnasta chileno, competidor en 7 finales de Copas del Mundo y séptimo en el último Mundial no tiene el implemento básico para entrenar: la carpeta para hacer los ejercicios.

 

"Necesitamos suelo, cabellete de salto, trampolín, colchones, calefacción, magnesio, de todo un poco", revela González.

 

Estas ausencias le impidió lograr un mejor resultado. Una caída con pasos de más le hizo perder puntos y quedar séptimo. Pero no son sólo los puntos. "Están las lesiones. Puede que ahora no se lesione, pero en vez de durar cuatro años va a durar uno", Yoel Gutiérrez es claro. En las actuales condiciones, Tomás González no hay para rato.

 

"Yo trato de darlo todo, pero ahí me pasa un poco la cuenta el tema de no tener todas las cosas", confiesa por su parte el gimnasta.

 

"Tomás hoy es un gimnasta de categoría mundial, no lo digo yo, lo dice lo que está plasmado. Tomás es un gimnasta de nivel mundial y olímpico y esto comienza ahora, van a tener muchas satisfacciones de Tomás González, se van a enorgullecer mucho de Tomás González en este ciclo Olímpico", sostiene su entrenador. Claro, eso si alguna empresa le ofrece su auspicio al mejor gimnasta chileno de todos los tiempos.